Origen e historia de la cerveza

Publicado el 21/01/2021
Categoría: Historia

La cerveza es una de las bebidas más consumidas a nivel mundial y también una de las más antiguas, aunque el origen de esta apreciada bebida no está muy claro aún. Unos dicen que fue en Mesopotamia, otros que en Egipto… En este artículo intentamos recopilar todas las teorías para que tú elijas con cuál quedarte. Lo que sí está claro es que el descubrimiento de la cerveza seguramente fue accidental.

Mesopotamia: el origen oficial de la cerveza

La mayor parte de evidencias históricas sitúan el origen de la cerveza en Mesopotamia, de manos de los sumerios, aunque se cree que debió surgir en diferentes sitios al mismo tiempo. La aparición de tan codiciada bebida está muy ligada a la elaboración del pan, ya que ambos provienen de la mezcla entre cereales fermentados y agua. Las primeras referencias del consumo de cerveza se encuentran ya en el año 7.000 AC en esta zona del mundo.

Durante la época paleolítica, los diferentes pueblos se alimentaban gracias a la caza y la recolección. Ya en el neolítico estos pueblos se asientan y dejan de ser nómadas, para dejar paso a la ganadería y la agricultura. Es entonces cuando se comienza a cultivar cereales y otros alimentos, hecho que da pie al surgimiento de la cerveza como bebida de consumo. Aunque, como decíamos, existen pruebas del consumo de bebidas fermentadas en el 7.000 AC, hasta el 3.100 AC no hay evidencias escritas de la elaboración de la cerveza, registradas gracias a unas tablillas de arcilla en las que varias personas toman cerveza desde una especie de vasija y donde se especifica una receta de la bebida.

La cerveza fue fundamental en Egipto

Tras su origen en Mesopotamia, la siguiente evidencia de su elaboración se encuentra en Egipto, donde era parte de la dieta habitual de la población y a la que se llamaba Zythum. Las pruebas que encontramos sobre su elaboración en esta época son papiros y tablillas en los que se explica el proceso de fabricación y los ingredientes utilizados. 

Es en esta época cuando se asienta la comercialización de esta famosa bebida, pasando de ser algo excepcional a formar parte del día a día del pueblo. Utilizada en muchas ocasiones como moneda de cambio durante la época de los faraones, sirvió de bebida habitual para muchos y se llegaron a fabricar unos cuatro millones de litros al año.

En general, dado que los cereales eran demasiado caros como para una elaboración constante y rentable, se elaboraba con espelta y se le añadían frutas para aromatizarla. En la época podríamos hablar de una cerveza de baja fermentación sin lupulado y en la que ya se utilizaba levadura. 

La cerveza, apenas consumida en Grecia y Roma y amada en los pueblos germanos

A la hora de hablar de las culturas gastronómicas romana y griega, uno no puede obviar la gran fuerza que poseía el vino y el arraigo que este tenía en ambas culturas. Reflejo de ello son los dioses Baco y Dionis, respectivamente, ambos dioses del vino. Aún así, el consumo de cerveza fue bastante habitual durante esta época en ambas civilizaciones. Llamada Zythum en Roma y Kykeon en Grecia, el consumo de cerveza se extendió por el norte del Mediterráneo hasta llegar a ambas civilizaciones, que si bien prefirieron el vino, aceptaron esta bebida fermentada de manera muy generalizada. 

Poco a poco fue viajando hacia el norte hasta llegar a los pueblos germanos y escandinavos, donde obtuvo el éxito que no había conseguido más al sur. Con un clima mucho más frío, el crecimiento de las viñas era, en estas zonas, prácticamente imposible. Por esta razón, la cerveza caló mucho más hondo. No sólo porque su elaboración era mucho más fácil en las zonas nórdicas, sino porque el aporte calórico también era mayor. Fueron precisamente estos pueblos bárbaros quienes llevaron el nombre de cerevisia hasta Roma, término del que proviene hoy la palabra cerveza.

Tras la generalización de su consumo por los pueblos bárbaros del norte, los romanos veían la cerveza aún con más recelo, como una bebida de bárbaros, visión que continuó con la caída del Imperio Romano y la llegada del cristianismo.

La Edad Media: el consumo de cerveza generalizado

La expansión del cristianismo de la mano de Carlomagno durante el siglo IX cristianizó muchas zonas en las que se asentaron congregaciones religiosas que continuaron con la elaboración de cerveza. Entre las ventajas de esta bebida para la época, además de ser muy nutritiva, estaba el hecho de evitar posibles enfermedades derivadas del consumo de agua sin hervir. Poco a poco, los monjes desarrollaron recetas propias con ingredientes de las diferentes regiones en las que se encontraban, gracias al cultivo de cereales y frutos en las tierras que poseía el clero. 

En esta época, la primera región que consiguió una licencia oficial para la comercialización de cerveza fue Lieja (Bélgica), gracias al emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico Otón II. En los alrededores de las tierras flamencas, la tradición de elaboración de cerveza se hace cada vez más fuerte durante la Edad Media. Es aquí donde surgen las famosas cervezas trapenses, elaboradas por la Orden Cisterciense de la Trapa, cuyas reglas estrictas de elaboración hicieron que la calidad de sus cervezas fuese superior al resto del mundo. 

La adición del lúpulo, de aromatizante a conservante

 

Es en el año 1.000 cuando se marca un antes y un después en la elaboración de la cerveza, gracias a la introducción del lúpulo en el gruit, utilizado anteriormente para aromatizar y dar amargor a la cerveza. La primera persona en utilizar el lúpulo se cree que fue Hildegarda de Bingen, abadesa y fundadora del Monasterio de Rupertsberg, a las afueras de Frankfurt en Alemania, quien lo utilizaba antes de la fermentación de la apreciada bebida.

El lúpulo no sólo aportaba amargor y aroma a la cerveza, sino que, gracias a su utilización, se descubrió que ayudaba a conservar mejor la bebida. Ya a comienzos de la Edad Moderna, el lúpulo era utilizado como conservante y aromatizante en prácticamente todas las cervezas

La ley de Pureza Alemana: un antes y un después

Este es, seguramente, uno de los puntos más importantes en la historia de la cerveza. En 1516, el Duque Guillermo IV de Orange estableció la Ley de Pureza de la Cerveza en Baviera (Alemania), con el objetivo de estandarizar la producción de cerveza. La ley dictaba que la cerveza debía ser elaborada con agua, cebada malteada, levadura y lúpulo. Todo lo que no llevase alguno de esos ingredientes o utilizase algún otro, no podría ser considerado cerveza. 

Esta época marca también un antes y un después en la comercialización de la bebida, ya que pasa de ser un monopolio exclusivo del clero a ser producida también por civiles

La llegada de la baja fermentación

Durante el siglo XVI, la producción de cerveza era cada vez más generalizada, pero el Duque de Baviera Alberto V de Wittelsbach prohibió la elaboración de cerveza entre los meses de abril y septiembre. Esto derivó en que la cerveza se produjese en los meses más fríos y que se conservase hasta el verano en bodegas también frescas. Así surgieron las cervezas lager o de baja fermentación, que lo hacían a temperaturas más bajas y en la parte inferior de las cubas de fermentación. 

Y por fin llegamos a Pilsen. Tras dos siglos, en 1842, Joseph Grolle creó en esta ciudad de Bohemia una cooperativa para luchar contra las cervezas lager alemanas que tan famosas se habían hecho en toda Europa. Funda entonces la fábrica de Plzeňský Prazdroj (actualmente conocida como Pilsner Urquell), para crear una cerveza con nuevas levaduras experimentales y también de baja fermentación, mucho más clara y transparente: la cerveza pilsner.

El siglo XVIII: una solución para el transporte de cerveza

Las colonias que poseía Gran Bretaña por aquel entonces eran un gran mercado donde poder expandir productos autóctonos. Uno de ellos era la cerveza, pero su transporte hasta las Indias orientales era tedioso y el producto sufría bastante en los viajes. Fue entonces cuando surgió la idea de añadir una mayor cantidad de lúpulo a las ales tradicionales y así conservar mejor el producto durante los viajes. Fue así como, en el siglo XVIII, surgió el tan famoso estilo hoy día IPA (India Pale Ale).

La Revolución Industrial y la evolución de la cerveza

El siglo XIX fue testigo de muchos cambios sociales, entre ellos la generalización del consumo de bebidas alcohólicas y productos similares en pubs. La generalización del ferrocarril como medio de transporte y la industrialización de procesos consiguieron mayor producción y transporte más rápido y eficiente, hechos que derivaron en una generalización del consumo de cerveza entre la población. A partir de entonces, se investigaron ingredientes y perfeccionaron las técnicas de elaboración, que derivaron en nuevos sabores y aromas y, más adelante, en nuevos estilos.

El siglo XX como forma de perfeccionamiento y experimentación

 No podríamos contar la historia de la cerveza sin hablar de la revolución que se generó en los años 70 del siglo XX: nuevos estilos, nuevos tipos de ingredientes y mucha experimentación. Norteamérica comienza a innovar en el sector como nadie lo había hecho hasta entonces y retoma la elaboración de cervezas tradicionales prácticamente olvidadas, como la IPA, dándoles una vuelta. 

Es en esta época cuando el homebrewing cobra fuerza a la hora de elaborar, y surgen no sólo homebrewers, sino también pequeñas fábricas de cervezas artesanales con poca producción pero mucha calidad.

Hasta aquí la historia de la cerveza, ¿qué nos deparará el futuro?